La tecnología cambia. El comportamiento de los inversores no.
Hay algo que nunca cambia en los mercados: la tecnología evoluciona, pero la psicología de los inversores apenas lo hace.
Hoy, la Inteligencia Artificial domina los titulares, las conferencias de resultados y las conversaciones entre inversores. Muchas compañías cotizan como si el futuro ya estuviera escrito, y resulta fácil caer en el FOMO (Fear of Missing Out o miedo a quedarse fuera), pagando valoraciones que dejan muy poco margen para la decepción.
Pero no es la primera vez que una revolución tecnológica despierta semejante entusiasmo.
Cuando Internet comenzaba a transformar la economía, Peter Lynch dejó una reflexión en One Up On Wall Street que hoy resulta sorprendentemente vigente:
«En este momento lo que tenemos son enormes expectativas y precios ineficientes. Empresas valoradas hoy en 500 millones de dólares pueden convertirse en grandes éxitos, mientras que otras valoradas en 10.000 millones podrían acabar sin valer nada.»
Sustituye la palabra Internet por Inteligencia Artificial y la descripción encaja casi a la perfección con el mercado actual.
La mayoría de las grandes revoluciones tecnológicas crean un enorme valor para la sociedad. Eso no significa necesariamente que generen grandes rentabilidades para los inversores que pagan cualquier precio por participar.
El automóvil transformó el mundo, pero cientos de fabricantes desaparecieron.
Internet redefinió la economía global, pero la inmensa mayoría de las empresas puntocom nunca sobrevivieron.
La Inteligencia Artificial casi con toda seguridad cambiará el mundo.
Eso no significa que todas las empresas relacionadas con la IA vayan a ser una gran inversión.
El enfoque de Peter Lynch ofrece una forma mucho más racional de participar en una revolución tecnológica sin depender de la especulación. Más de veinticinco años después, sus enseñanzas siguen siendo igual de relevantes.
1. La estrategia de los «picos y las palas»
Durante la fiebre del oro de California, la mayoría de los buscadores nunca encontró una gran fortuna. Quienes ganaban dinero de forma constante eran, con frecuencia, las empresas que vendían los picos, las palas, las tiendas de campaña y la ropa de trabajo que necesitaban los mineros.
Lynch utilizaba esta analogía para ilustrar un principio fundamental de la inversión: en toda revolución tecnológica suele ser más rentable poseer las empresas que suministran la infraestructura imprescindible que especular sobre cuál será el vencedor final.
La Inteligencia Artificial no es una excepción.
Los «picos y las palas» de hoy son las compañías que proporcionan la infraestructura crítica que hace posible todo el ecosistema.
Algunos ejemplos son:
- NVIDIA, cuyas GPU se han convertido en el estándar de la industria para entrenar y ejecutar modelos avanzados de IA.
- TSMC, el principal fabricante mundial de semiconductores de última generación.
- Vertiv, que suministra la infraestructura de refrigeración y alimentación eléctrica imprescindible para los centros de datos modernos.
En realidad, da igual qué modelo de IA domine el mercado dentro de diez años.
Todos necesitarán capacidad de computación, centros de datos, redes de comunicación y enormes cantidades de electricidad.
Los ingresos de estas empresas son tangibles e inmediatos. Cobran independientemente de quién gane finalmente la carrera de la IA.
2. La «apuesta gratuita»
Otro de los enfoques favoritos de Lynch era lo que denominaba free Internet play: invertir en empresas extraordinarias cuyo negocio principal ya justificaba por sí solo la inversión, al tiempo que ofrecían exposición a una nueva tecnología prometedora.
Si esa tecnología no cumplía las expectativas, la fortaleza del negocio principal protegía al inversor gracias a su capacidad para generar beneficios y flujo de caja de forma consistente.
Si, por el contrario, la tecnología tenía éxito, el inversor obtenía un importante potencial de revalorización que, en cierto modo, había recibido gratis.
La misma idea puede aplicarse hoy a la Inteligencia Artificial.
Empresas como Alphabet, Microsoft o Adobe ya cuentan con ventajas competitivas duraderas, generan enormes flujos de caja libre y prestan servicio a cientos de millones de clientes en todo el mundo.
La IA no está sustituyendo sus negocios.
Está haciéndolos todavía más valiosos.
Alphabet continúa financiando sus inversiones en IA gracias a uno de los negocios publicitarios más rentables jamás creados.
Microsoft está integrando la IA en Windows, Office, GitHub y Azure, reforzando un ecosistema que ya era extraordinariamente resistente.
Adobe incorpora IA generativa a las herramientas que millones de profesionales creativos utilizan cada día, aumentando el valor para sus clientes y fortaleciendo aún más su posición competitiva.
En todos estos casos, el inversor no está comprando únicamente una historia sobre Inteligencia Artificial.
Está comprando negocios excepcionales que, además, poseen una valiosa opción sobre una de las mayores revoluciones tecnológicas de nuestra generación.
3. Los beneficiarios indirectos
Quizá la idea más brillante de Lynch consistía en mirar más allá de las empresas que desarrollaban la tecnología y centrarse en aquellas que la utilizaban para convertirse en mejores negocios.
Solía poner como ejemplo los supermercados que incorporaron lectores de códigos de barras. No eran empresas tecnológicas, pero esos sistemas mejoraron enormemente la gestión del inventario, redujeron pérdidas y aumentaron la rentabilidad.
La Inteligencia Artificial podría producir un efecto muy parecido.
Algunos de los grandes ganadores quizá no sean quienes desarrollen los modelos más avanzados, sino las empresas de mayor calidad que utilicen la IA de forma silenciosa para operar con más eficiencia y reforzar sus ventajas competitivas.
Por ejemplo:
- Costco, optimizando aún más la gestión del inventario, la logística y la previsión de la demanda.
- Novo Nordisk, acelerando el descubrimiento de nuevos medicamentos y aumentando la productividad de la investigación.
- RELX, enriqueciendo sus bases de datos propietarias y ofreciendo productos de información todavía más valiosos para sus clientes.
Muchos de los mayores beneficiarios de la IA durante la próxima década quizá no sean quienes desarrollen los modelos más avanzados, sino quienes los utilicen para mejorar sus márgenes operativos apenas un 2 %, un 3 % o un 5 %.
Puede que eso no parezca especialmente espectacular.
Pero cuando un negocio de alta calidad, con elevados retornos sobre el capital invertido, consigue mejorar su rentabilidad de forma constante año tras año, el interés compuesto hace el resto.
Conclusión
La Inteligencia Artificial puede convertirse en una de las revoluciones económicas más transformadoras de nuestra vida.
Pero una gran revolución tecnológica no se traduce automáticamente en grandes inversiones.
Peter Lynch entendía que invertir con éxito nunca consistía en adivinar qué tecnología cambiaría el mundo.
Consistía en identificar qué empresas ganarían dinero gracias a ella.
Más de veinticinco años después, las preguntas siguen siendo exactamente las mismas:
- ¿Quién vende los picos y las palas?
- ¿Qué empresas ofrecen exposición a la IA apoyándose en negocios extraordinarios?
- ¿Qué compañías excepcionales utilizarán la IA para ampliar todavía más sus ventajas competitivas?
Las respuestas a esas preguntas probablemente resulten mucho más rentables que perseguir la próxima historia emocionante que el mercado quiera vendernos.
Recuerda
«El mercado siempre encontrará una nueva historia que vender. Nuestro trabajo como inversores no consiste en perseguir esa historia, sino en encontrar las empresas que seguirán creando valor mucho después de que esa historia haya pasado de moda.»

